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martes, 31 de agosto de 2010

clase de anatomía....

La primera clase de la universidad que tuve, recién salidita del colegio con mis 17 añitos (creo que era una de las más jovenes) , con los ojos ilusionados que hasta me brillaban, además de tener esas ganas de tragarme al mundo en un bocado...me entienden?? esa primera vez en todo que nos marca un camino, pues esa primera vez era mi clase práctica de anatomía, cuando uno debía saber los libros de Latarjet, Rouviere, y si aún tenías la posibilidad de encontrar el famoso tratado de Testut, era lo mejor...

Bien como siempre lo dije, nací con tan "buena estrella" que siempre rote con los docentes mas malvados, más pedantes, algunos de los cuales excelentes profesionales, y otros tantos que solo se hacían de importantes... en esta ocasión me toco rotar con el famoso y conocídisimo Dr. L. Sí era el más temido, el que había aplazado a más de la mitad de los de primer año del año pasado. Cuando me hacía de nuevos amigos en la facultad y me veían entrar al cubículo de Dr. L. me daban sus sentidos pésames, con ese malvadin me toco rotar...
Entre al cubículo, los huesos estan ahí, el cadáver estaba ahí, nos hacia limpiar los huesos, debiamos tener todo listo para tal trabajito. Guantes, gorro, sin barbijo porque él quería ver que no tengamos arcadas ni asco al tratar al cadáver. Bien por ese lado nunca tuve problema, fui una de las pocas que no le tenía miedo al cadáver (tal vez me mentalice, no lo sé pero fue innato). Cada clase nos preguntaba la rama de la rama de la rama de algún nervio, arteria, etc... ya se imaginaran, las preguntas para algún especialista... pero pues ahí solo estabamos nosotros los novatos... bueno, con mi nuevo grupo de amigos que hice, nos quedabamos todas las noches a reconocer en los cadáveres las estructuras anatómicas para que llegada la clase le respondamos algo, y nos diga al fin : "correcto", para él nunca estaba completa nuestra respuesta.

Hasta que un día, mi amiga se puso tan nerviosa, estabamos al borde del colapso, y la llamo a la flaca jee ha reconocer, y le señalo el brazo del cadáver y le puso un alfiler en inmediaciones del codo y le dijo, mira que te estoy regalando la pregunta, así que dime la respuesta... ella se quedo transpirando en la frente, tratando de recordar, porque si bien parecía algo fácil seguro y era algo no tan fácil y si le decía la respuesta que aparentemente era, pues nos saldría con que no era... como siempre nos había hecho los primero días, todas dudamos, pero la única que podía responder era la flaca, porque ha ella le había lanzado la pregunta, y pobre de nosotras que respondieramos... así que ella nos miro transpirando mas, casi chorreando, sin mentirles... y el Dr. L. comenzo a gritarle, dime Qué es??? qué es?? lo repetio tanto, que mi amiga entre la transpiración, el stress, nuestros ojos puestos en ella, grito....... "EL COOOOOOOOOODOOOOO"

Nos aguantamos de reir cuanto pudimos, el Dr. L. se enojo, y dijo como me vas a decir el codo, pero que parte del codo te estoy señalando??? ... y se mato de la risa, y se dio cuenta el stress al que nos había estado sometiendo. Fue entonces cuando le dijimos todas, el músculo ancóneo. Y ahí nos dijo: "correcto" ....
Aprobamos la materia, la pase remal los primeros días, pero luego fui como pez en el agua. Aún recuerdo el músculo ancóneo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Esto no es un diálogo!!!!

Aún recuerdo a un médico neonatólogo, con él lleve la materia de neonatología como era de esperarse. Era uno de los profesores de la Universidad más antigüo, creo que tenía alrededor de 75 años... nadie podía jubilarlo, varias veces lo intentaron más nadie pudo bajarlo de donde estaba. Dentro de su carácter tan rudo, tan arcaico, era uno de los mejores en su materia y en la práctica profesional, me refiero que ayudo a más de un bebé que estuvo a punto de morir. A veces él pagaba los exámenes de laboratorio de los niños que no tenían recursos. Eso pocos lo sabemos, solo los que trabajamos con él.
Lo malo era cuando pasabamos la visita médica, incubadora por incubadora, yo debía ir trás de él, si él se lavaba las manos 50 veces yo debía hacer lo mismo y siempre después de él, y si me decía algo, no podía hacerle plática, porque la respuesta que él nos decía era: "esto no es un diálogo"... Nunca entenderé su carácter, pero sé que en el fondo tenía algo bueno. Mis colegas y yo le llamabamos el abuelo. Lo más chistoso, es que como cada cierto tiempo rotabamos por distintos pabellones en el hospital, nos dejabamos una carta con los pasos para no hacerle enojar al abuelo. Y una frase decía: "si no te lavas tus manos despúes de él, te degolla como oveja..." jaaaaaaaaaaaaaaaaaa aún la recuerdo y me mato de risa. Esa carta paso por muchas manos. jaaaaaaaaaaa era un tesoro del servicio de Neonatología.